Rev Cuid. 2026; 17(3): 5275
https://doi.org/10.15649/cuidarte.5275
Research Article
Highlights
Como citar este artículo: Vanegas-Moreno Yasnury, Alvarez-Franco Claudia. Cuerpo, territorio y memoria: la partería en comunidades afrodescendientes. Colombia. Revista Cuidarte. 2026;17(3):e5275. https://doi.org/10.15649/cuidarte.5275
Resumen
Introducción: Este artículo analiza los significados y prácticas de las parteras tradicionales afrodescendientes de Nuquí, Chocó, desde una perspectiva crítica social y feminista decolonial. Objetivo: Reconocer las prácticas, saberes y desafíos que enfrentan en relación con su territorio, cuerpo y comunidad. Materiales y Métodos: Se desarrolló una investigación cualitativa con enfoque de etnografía crítica, mediante observación participante, entrevistas semiestructuradas y círculos de palabra, priorizando el diálogo horizontal y la reciprocidad epistemológica. Resultados: Los hallazgos se organizaron en tres categorías analíticas: en Práctica y conocimiento situado, se evidenció que las parteras construyen su saber desde la experiencia, la herencia ancestral y la observación cotidiana, articulando el cuidado con vínculos comunitarios y la transmisión intergeneracional del conocimiento; en Legitimación de saberes y poder popular, se identificaron tensiones con el sistema biomédico, marcado por la invisibilización institucional de sus prácticas; por último, en Cuerpos libres y saberes de la tierra, emergió una profunda conexión entre cuerpo, territorio y espiritualidad, donde el cuerpo es concebido como territorio sagrado y la salud se vincula al uso de plantas medicinales, la armonía con la naturaleza y los rituales colectivos. Discusión: El saber de las parteras representa formas de cuidado arraigadas en cosmovisiones no hegemónicas, cuya marginalización refleja una injusticia epistémica sostenida por lógicas coloniales y patriarcales. Conclusión: Es urgente reconocer, apoyar y dignificar el reconocimiento de las parteras, mediante políticas públicas interculturales que garanticen formación, apoyo y remuneración digna, como camino hacia la justicia epistémica y cultural.
Palabras Clave: Parteras Tradicionales; Medicina Tradicional Afrodescendiente; Nacimientos en Casa.
Abstract
Introduction: This article analyzes the meanings and practices of traditional Afro-descendant midwives in Nuquí, Chocó, from a critical social and decolonial feminist perspective. Objective: To recognize their practices, knowledge, and challenges they face in relation to their territory, bodies, and community. Materials and Methods: A qualitative study was conducted using a critical ethnographic approach, participant observation, semi-structured interviews, and “circles of the word” (talking circles), prioritizing horizontal dialogue and epistemological reciprocity. Results: The findings were organized into three analytical categories. Practice and situated knowledge showed that midwives develop their knowledge through experience, ancestral heritage, and everyday observation, integrating care with community ties and intergenerational knowledge transmission. The legitimization of knowledge and grassroots power revealed tensions with the biomedical system, characterized by its institutional failure to recognize these practices. Finally, free bodies and knowledges of the land highlighted a profound connection among body, territory, and spirituality, in which the body is understood as a sacred territory, and health is linked to the use of medicinal plants, harmony with nature, and collective rituals. Discussion: Midwives’ knowledge represents forms of care rooted in non-hegemonic worldviews, whose marginalization reflects epistemic injustice sustained by colonial and patriarchal logics. Conclusion: It is urgent to recognize and support midwives and ensure their role receives dignified recognition through intercultural public policies that guarantee training, support, and fair compensation, as a pathway toward epistemic and cultural justice.
Keywords: Midwifery; African-American Traditional Medicine; Home Childbirth.
Resumo
Introdução: Este artigo analisa os significados e práticas de parteiras afrodescendentes tradicionais em Nuquí, Chocó, a partir de uma perspectiva feminista crítica social e decolonial. Objetivo: Reconhecer as práticas, o saber e os desafios que elas enfrentam em relação ao seu território, corpo e comunidade. Materiais e Métodos: Foi realizado um estudo qualitativo utilizando uma abordagem etnográfica crítica, empregando observação participante, entrevistas semiestruturadas e círculos de discussão, priorizando o diálogo horizontal e a reciprocidade epistemológica. Resultados: Os achados foram organizados em três categorias analíticas: em Prática Situada e Saber, evidenciou-se que as parteiras constroem seu saber a partir da experiência, da herança ancestral e da observação diária, articulando o cuidado com os laços comunitários e a transmissão intergeracional do saber; em Legitimidade do Saber e Poder Popular, foram identificadas tensões com o sistema biomédico, marcadas pela invisibilidade institucional de suas práticas; Por fim, em Corpos Livres e o Conhecimento da Terra, emergiu uma profunda conexão entre corpo, território e espiritualidade, onde o corpo é concebido como território sagrado e a saúde é associada ao uso de plantas medicinais, à harmonia com a natureza e a rituais coletivos. Discussão: O saber das parteiras representa formas de cuidado enraizadas em cosmovisões não hegemônicas, cuja marginalização reflete uma injustiça epistêmica sustentada por lógicas coloniais e patriarcais. Conclusão: É urgente reconhecer, apoiar e dignificar o trabalho das parteiras por meio de políticas públicas interculturais que garantam formação, apoio e remuneração justa, como um caminho para a justiça epistêmica e cultural.
Palavras-Chave: Tocologia; Medicina Tradicional Afro-Americana;
Partos Domiciliares.
Introducción
La partería tradicional ha sido históricamente un pilar en la atención de la
salud materno-infantil y,
en las comunidades afrodescendientes de Nuquí, Chocó, fue reconocida por el Estado
colombiano
mediante la Resolución 1077 de 20161; la partería afropacífica constituye
mucho más que una
práctica médica, pues expresa un sistema integral de cuidado basado en saberes ancestrales,
espiritualidad y una profunda relación con la naturaleza; sin embargo, pese a este
reconocimiento
normativo, continúa enfrentando procesos de estigmatización y exclusión en los ámbitos
sanitario
y jurídico. Se trata de una labor profundamente enraizada en una cosmovisión que integra
espiritualidad, conocimiento ancestral y respeto por la naturaleza, en un territorio que se
ubica en la
parte occidental del departamento del Chocó, sobre la vertiente occidental de la serranía
del Baudó
y a orillas del océano Pacífico2. Las parteras afrodescendientes no solo
acompañan el proceso del
nacimiento; también resguardan una herencia cultural que se expresa en rituales, prácticas y
saberes
transmitidos de generación en generación, estrechamente vinculados a un entorno
caracterizado
por alta biodiversidad, abundancia hídrica y dinámicas territoriales que inciden en las
formas de vida,
producción y cuidado comunitario3.
Según la información del municipio, Nuquí se localiza en la parte occidental
del departamento
del Chocó, sobre la vertiente occidental de la serranía del Baudó, a orillas del océano
Pacífico. Su
cabecera municipal se encuentra a nivel del mar, en límites con otras localidades del Chocó
y el
océano Pacífico. El municipio cuenta con una extensión territorial aproximada de 956 km², de
los
cuales la mayor parte corresponde a área rural, caracterizada por una alta pluviosidad, una
densa red
hídrica y una biodiversidad que incide directamente en las formas de vida, producción y
cuidado de
sus habitantes4,5. Desde una perspectiva crítica y
decolonial, la investigación se propone visibilizar y
reivindicar el papel de las parteras como figuras centrales en sus comunidades, también
contribuir a
su salvaguardia, promover el diálogo intercultural y abogar por políticas públicas que
reconozcan la
partería como un saber legítimo, vital y profundamente humano; teniendo como objetivo:
Reconocer
las prácticas, saberes y desafíos que enfrentan en relación con su territorio, cuerpo y
comunidad.
Materiales y Métodos Los enfoques investigativos permiten comprender el fenómeno desde la
ontología y epistemología y
soportan las decisiones metodológicas y criterios de validez6; aquí la investigación cualitativa
permite
explorar dimensiones subjetivas (memoria, emociones y cultura)7,8. Denzin y Lincoln
advierten que
el uso de técnicas descontextualizadas puede reforzar estructuras de control9. Fricker
introduce el
concepto de injusticia epistémica para señalar la exclusión de saberes subalternos en la
producción
de conocimiento10,
aquí el feminismo negro y la interseccionalidad proponen una epistemología
situada que cuestiona las narrativas universales y visibiliza las opresiones entrecruzadas
que enfrentan
las mujeres racializadas11,12, estas perspectivas teórico-políticas
se consolidan como apuestas éticas
para la resistencia y la justicia epistémica.
Desde lo metodológico, se adoptó una etnografía crítica que, a diferencia de
la tradicional, reconoce
la influencia del investigador en la construcción del conocimiento y promueve una práctica
reflexiva
que cuestiona sus propios supuestos13,14, de esta manera en contextos como el de
las parteras de
Nuquí (Chocó), esta metodología favorece un diálogo ético con los saberes locales,
legitimando sus
voces y prácticas como formas válidas de conocimiento15.
La investigación se desarrolló con un grupo de ocho parteras del municipio de Nuquí, Chocó,
el
muestreo fue intencional, priorizando mujeres reconocidas por su liderazgo comunitario y
trayectoria
en la partería tradicional, contactadas a través de lideresas locales y redes comunitarias.
Se realizaron
16 entrevistas en total, desde finales del año 2023 y durante el año 2024 con una duración
entre
60 y 120 minutos, distribuidas en 10 entrevistas semiestructuradas, 6 entrevistas a
profundidad y 2
círculos de palabra, además de observación participante. Las entrevistas se realizaron en
los espacios
cotidianos de las parteras (viviendas y espacios comunitarios), sin presencia de terceros;
se grabaron
en audio con consentimiento informado previo.
Se utilizó una guía temática flexible, ajustada luego de una fase piloto
inicial que se realizó con
mujeres provenientes del Chocó y residentes en Medellín, sabedoras de partería a quienes se
les formuló y ajustó las preguntas que habían sido preparadas. El análisis incorporó la voz
de las
participantes, validando y ampliando las categorías a partir de un diálogo reflexivo; la
co-construcción
del conocimiento fue un eje central.
El análisis se realizó de forma manual y de manera colaborativa entre las dos
investigadoras, siguiendo
los criterios propios de la metodología crítica etnográfica con enfoque cualitativo16; se elaboró
una matriz de sistematización, donde se ubicaron los fragmentos de entrevistas, de allí de
obtuvo
subcategorías y luego se organizaron en categorías, teniendo en cuenta las reflexiones
teóricas
que soportaron este estudio, además la experiencia previa en investigación cualitativa,
género,
interculturalidad y trabajo comunitario, lo que favoreció una postura sensible, reflexiva y
respetuosa
frente a los relatos y experiencias compartidas. Asimismo, se aplicó un proceso de
triangulación que
cruzó entrevistas, observaciones, registros de campo e imágenes, fortaleciendo así la
validez de las
interpretaciones, hasta alcanzar la saturación en los relatos y se incorporaron citas
textuales en los
hallazgos para garantizar transparencia y fidelidad al discurso de las participantes,
también algunas
interpretaciones y categorías emergentes fueron dialogadas con las participantes para
ampliar,
contrastar y validar de manera colectiva los hallazgos. Este artículo sigue los criterios de
evaluación
para la investigación cualitativa descritos en la lista de verificación COREQ.
Este estudio cumple con los principios éticos desde la filosofía Ubuntu que
promueve la armonía
entre personas, la vida y la naturaleza17, también los principios
internacionales: Helsinki18, Declaración
Universal de Bioética y Derechos Humanos y nacionales: Ley estatutaria 1581 de 201219, Resolución
8430 de 199320,
Resolución 40455 de 2015 modificada por la 47765 en 202121, todo ello considerado
en el uso del consentimiento informado para grabar audios y registro de imágenes, con
aprobación
de comité de ética, según Acta N°81CEI-FE_2023; las investigadoras fueron mujeres con
formación, lo
cual favoreció una postura sensible y respetuosa frente a los relatos.
Los datos recogidos en su totalidad se disponen para libre acceso y consulta
en
Mendeley Data22.
Resultados
Los hallazgos organizados en tres categorías hacen parte de la investigación que se
desarrolló durante
la formación de maestría en torno a la partería afrodescendiente en el pacífico colombiano,
las cuales
presentan las formas en que se construye, legitima y sostiene este saber en contextos de
diversidad
cultural y territorial. La primera es: "Práctica y conocimiento situado", que explora la
manera en que
las parteras adquieren y aplican su saber en escenarios concretos.
La segunda "Legitimación de saberes y poder popular", que aborda las tensiones entre los
sistemas de
salud institucional y los conocimientos tradicionales; y en tercer lugar está "Cuerpos
libres y saberes
de la tierra", que profundiza en la relación entre el cuidado del cuerpo, la naturaleza y la
autonomía;
cada una de ellas contiene subtemas que permiten una comprensión detallada de las dinámicas
que
configuran el ejercicio de la partería desde una perspectiva ancestral y territorial.
Práctica y conocimiento situado
En Nuquí, la partería es una práctica ancestral transmitida oralmente a través de
generaciones,
como se observa en la siguiente
Figura 1. Más que una técnica, es un arte vivo ligado al territorio, la
memoria y los lazos familiares. Muchas parteras afirman haber aprendido de sus madres o
abuelas: “Con experiencia de 36 años de ser partera, la experiencia la escogí de mi
madre” (OG1), lo que refleja
un aprendizaje basado en la observación y el acompañamiento. Las parteras mayoras, son
figuras
centrales que transmiten saberes y sostienen redes comunitarias (OG2).
Figura 1 . Grupo de parteras tradicionales de Nuquí
Nota: Fotografía tomada por la autora en Nuquí (2024)
Sin embargo, el aprendizaje no se limita al linaje materno. Algunas mujeres iniciaron en la práctica por necesidad, como una partera que atendió un parto de mellizos a los 19 años en Juradó (PM1). Estas experiencias configuran una forma colectiva de cuidado y resistencia.
Ser partera representa orgullo, identidad y compromiso con la vida. “Estoy salvando una vida
más…
las parteras son algo muy esencial en el municipio” (IV11). No obstante, esta labor se
ejerce en medio
de precariedades: dificultades de acceso, escasos recursos e infraestructura deficiente.
“Me vinieron a
buscar por un río… la mujer estaba pariendo” (AM2), relata una mujer, ilustrando los retos
geográficos y
logísticos. Otras parteras expresan el deseo de contar con espacios adecuados:
“Quisiera tener un lugar
con una cama adecuada” (DM1).
Frente a estas limitaciones, las parteras articulan conocimientos ancestrales con intuición y creatividad. Emplean plantas medicinales en situaciones donde el sistema biomédico no responde: "Cuando los médicos no pueden parar una hemorragia, yo uso achicoria y funciona” (DM4). Aunque reconocen los límites de sus saberes, también comprenden cuándo es necesario remitir a un centro de salud: “Cuando el parto se pone riesgoso… hay que llevar a la mujer al centro” (OG12).
Así, las parteras sostienen su práctica con sabiduría, resiliencia y amor por la vida. Su labor, fundamental en contextos de exclusión, representa una forma de resistencia ante el olvido institucional y una afirmación de la soberanía de los saberes ancestrales en el cuidado comunitario.
Cuerpos libres y saberes de la tierra
La partería tradicional se sostiene en una relación profunda entre la mujer, el cuerpo y el
territorio; en
este entramado, la naturaleza no es un recurso externo, sino una aliada vital, un tejido de
sabiduría
que acompaña a las parteras en su práctica cotidiana, la alianza entre partera y naturaleza es un
eje
fundamental del conocimiento ancestral que ha sobrevivido a través de generaciones, el vínculo con
la tierra y sus elementos se manifiesta especialmente en el uso de plantas medicinales.
Las parteras, a lo largo del tiempo, han aprendido a interpretar los signos de la naturaleza y a utilizar los recursos que esta les ofrece para acompañar a las mujeres en el proceso de dar vida, tal y como relata una de ellas: “Pues sí, de antes, pues uno sí, las mujeres tenían sus secretitos, pero ahora le han sacado muchas ideas a uno, inclusive que nosotras compartimos con las indígenas, las indígenas con nosotros” (OG16), con este testimonio resalta el carácter colectivo y dinámico del saber, nutrido por el diálogo entre comunidades, como el que se da entre mujeres afrodescendientes e indígenas.
Este conocimiento no solo se activa en momentos críticos del parto, sino que, por el contrario, forma parte de la vida cotidiana de las parteras. “Y es diferente, si yo le digo a ella ‘esta hierba sirve para machacarla, para vomitar’, ella la tiene por otra cosa, la otra por la otra” (IV2), con esta manifestación, se expresa., cómo el conocimiento botánico se intercambia y enriquece entre mujeres, tejiendo una red de saberes que fortalece tanto el cuidado del cuerpo como la relación con el entorno natural.
Mantener esta conexión con la tierra es también un acto de resistencia frente a la medicalización y la imposición de modelos hegemónicos de salud; cuando las parteras recurren a remedios naturales y técnicas tradicionales, no solo ofrecen atención integral, sino que defienden un modo de vida basado en el equilibrio entre el cuerpo y la naturaleza; con estas prácticas, protegen la salud de las mujeres y salvaguardan una herencia que ha demostrado su eficacia y sabiduría a lo largo del tiempo.
Esta alianza vital encuentra su máxima expresión en el uso de plantas medicinales, consideradas por muchas como el corazón mismo de la partería; el cultivo, recolección y aplicación de las plantas, constituyen una parte esencial del saber de la partería como se indica en la Figura 2.
Figura 2. Azotea de plantas de una partera
Nota: Fotografía tomada por la autora en Nuquí 2024. Plantas usadas durante y después del parto, entre ellas: albahaca (Ocimun basilicum L), carpímtero (pectoralis), descanse (Alternanthera bettzickiana), artemisa (Artemisia vulgaris) y nacedera (Trichanthera gigantea)
Para muchas parteras, no hay partería posible sin plantas, es la afirmación de una de ellas: “Una partera que no tenga ni nacedera en el patio, esa no es una partera, porque ¿cómo le va a dar una agüita? ¿Cómo la va a ayudar?” (OG17), de esta manera se ilustra que el conocimiento de las plantas no es un saber complementario, sino una base fundamental del ejercicio y la ayuda de infusiones, baños, cataplasmas y sahumerios, las parteras alivian dolores, preparan el cuerpo para el parto y cuidan a las mujeres en el posparto.
Sin embargo, las condiciones materiales no siempre son favorables, razón por la cual muchas parteras enfrentan la pérdida de sus jardines medicinales, como relata una entrevistada: “Ahorita no tengo porque vino una gallina y me acabó con todo, pero siempre uno tiene su plantita por allá, la siembra para cualquier cosa ayudará” (AM4), con este testimonio, se muestra la resiliencia y creatividad con la que mantienen sus saberes vivos, aun ante las dificultades cotidianas.
La creciente medicalización, además, ha generado una disminución en la demanda de estas prácticas tradicionales, “Pues lo que se ha dejado de hacer es que ahora no lo buscan a uno para partear, entonces uno puede tener sus hierbas y cómo hacerle, pero si no lo buscan, ¿cómo las va a coger para brindarles a ellas?” (NM13), lamenta otra partera; este cambio amenaza con silenciar saberes que han sido pilares de la salud comunitaria, desplazando formas de cuidado profundamente conectadas con la tierra y la espiritualidad.
Más allá de su eficacia práctica, las plantas medicinales también poseen un significado simbólico y espiritual, se representan la conexión entre el cuerpo humano y el territorio, entre lo visible y lo invisible del proceso de nacer; en este sentido una partera lo explica así: “Y porque toda mujer cuando pare queda supurando y se le detuvo todo con la achicoria y póngale un bulto de sal” (DM2). Aquí, el uso de la planta no solo actúa sobre el cuerpo físico, sino que participa en un ritual de protección y restauración del equilibrio vital.
En definitiva, la partería tradicional, tal como la viven estas mujeres, no puede existir sin las plantas medicinales, como las guardianas de un conocimiento que no solo garantiza la salud, sino que encarna una forma de ver y habitar el mundo, frente a los embates de la modernidad y la desvalorización institucional, las parteras sostienen con firmeza que, sin plantas, no hay partería. Y con ello, defienden no solo una práctica, sino toda una cosmovisión donde el cuerpo, la tierra y el cuidado forman parte de un mismo tejido de vida.
Legitimación de saberes y poder popular
Integrar los saberes de las parteras en los sistemas de salud no solo enriquece la atención médica,
sino que promueve una colaboración intercultural en la que el conocimiento científico y el saber
popular se fortalecen mutuamente, más que lejos de ser una amenaza para la medicina formal, la
partería tradicional representa una oportunidad para ampliar los horizontes del cuidado, desde una
perspectiva enraizada en la cultura, el territorio y la dignidad de las mujeres.
La capacitación de parteras en alianza con instituciones médicas, como se ha visto en otros países, demuestra que es posible legitimar estos conocimientos sin despojarlos de su esencia; se basa en construir relaciones de respeto y reciprocidad, donde las parteras sean reconocidas no solo como agentes de salud, sino también como portadoras de un legado cultural profundo. Así lo expresa una de ellas:
“Yo soñaría viendo como que nos reconocieran y las parteras en cada lugar tuviéramos como su casita para atender sus partos, parte del hogar donde uno está, nada más ese saloncito para uno entrar, atender a su paciente y ahora sí llevarla a la casa. A mí me gustaría eso, es muy bello verlo” (OG21).
Este sueño de tener un espacio propio, íntimo y digno para atender a las mujeres de su comunidad sintetiza el deseo de conjugar identidad cultural, autonomía y respeto por la vida, más allá de un lugar físico, las parteras reivindican una estructura que les permita ejercer su saber con los elementos necesarios, como lo expresa otra mujer: “Todas sus dotaciones, su camita para atender, todas sus ayudas, todas tienen las raíces, sus plantas, su jardín, de todas sus plantas, como la nacedera, el carpintero, todas esas cosas tienen las raíces, sembraditas” (OG22); en sus palabras, no solo se pide un espacio, sino la comprensión del entorno simbólico y material que sostiene la atención partera.
En la Figura 3 se muestra la entrada de la casa de una partera rodeada de plantas medicinales que encarnan el vínculo entre el saber y la tierra; representando el ideal de un hogar integral, sitio de reunión, intercambio conocimientos y ejercer su labor como guardianas de la vida; sin embargo, ese deseo aún no es reconocido por muchas instituciones de salud, que las mantienen alejadas del sistema.
Figura 3. Andén de la casa de una partera en Nuquí
Nota: Fotografía tomada en el año 2023, representa el andén (parte exterior de la casa, cerca de la puerta) de una partera, quien camino a su labor, tiene disponibles plantas medicinales para curar el mal de ojo como: santa maría de anís (Piper auritu), yerba santa (absinthium L), la doradilla (Selaginella lepidophylla) y desbaratadora (Justicia spicigera)
Reconocer oficialmente a las parteras es también un acto de justicia social; su legitimación dentro del sistema sanitario permite empoderarlas, darles voz y visibilidad en las decisiones de salud colectiva, y fortalecer el tejido comunitario; este proceso debe ir acompañado de políticas que apoyen sus prácticas y de programas de educación donde la partería sea valorada como una alternativa segura, accesible y culturalmente pertinente.
Para avanzar en este reconocimiento, es fundamental contar con estudios que evidencien el impacto de la partería en la salud materna e infantil. Indicadores como la reducción en tasas de mortalidad o complicaciones durante el parto, así como la satisfacción de las madres, pueden demostrar la eficacia del enfoque en la partería; a esto se suman investigaciones cualitativas que recogen la voz de las mujeres atendidas, destacando la calidad humana, emocional y espiritual que brinda este acompañamiento, datos que son esenciales para sensibilizar a autoridades sanitarias y avanzar hacia su inclusión oficial.
No obstante, esta legitimación encuentra grandes obstáculos, teniendo en cuenta que, en muchos territorios, el sistema biomédico continúa desestimando la sabiduría partera, invisibilizándola dentro de las instituciones y despojándola de legitimidad; las comunidades donde el acceso a servicios médicos es limitado, las parteras se convierten en una primera línea de atención durante el embarazo y el parto.
A pesar de su experiencia y capacidad para detectar señales de alerta, su saber suele ser ignorado por el personal sanitario, “Mire, me pasó en el mismo hospital, ahí en Nuquí... Le dije al doctor: la niña ya está aquí naciendo. Pero él no me escuchó. Cuando vino, ya era tarde, la niña había muerto” (AM7), con este relato revela las consecuencias dolorosas de la falta de reconocimiento institucional, que pone en riesgo vidas y debilita el trabajo colectivo.
El abandono institucional no solo excluye a las parteras, sino que intenta controlar los conocimientos que ellas han preservado por generaciones; unido a ello la desvalorización de su rol es también una forma de imponer un modelo único de atención, que históricamente ha marginado los saberes femeninos y comunitarios, “Las parteras no tenemos dotaciones, no nos reconocen, pero seguimos aquí, porque muchas veces salvamos vidas” (IV5), afirma una mujer, recordando que su compromiso con la vida supera las barreras impuestas por el sistema.
A pesar de estas adversidades, las parteras siguen soñando con un espacio propio donde ejercer su saber sin depender de instituciones que las han relegado, “Yo soñaría con un lugar propio, una casa para recibir a las madres, tener todo organizado. Así sería más fácil” (PM5), este anhelo, compartido por muchas, habla de dignidad, de autonomía y de la necesidad de seguir cuidando a las mujeres desde un lugar que respete sus raíces.
En la Figura 4 se puede ver una vivienda, que más que un lugar de protección es símbolo de resistencia, saber y cuidado. Allí se sueña con un futuro donde las parteras sean reconocidas no como asistentes ocasionales, sino como protagonistas del cuidado de la vida.
Figura 4. Casa de una partera de Asoparupa en 2021
Nota: Fotografía tomada de Asoparupa en 2021. Es la representación de un nicho, el sueño de las parteras de tener una casa que cuente con los insumos necesarios para atender un parto y representa ancestralidad y territorio
En conclusión, la legitimación de los saberes parteros es una tarea urgente que no solo busca integrar conocimientos, sino también sanar brechas históricas de exclusión. Frente al abandono institucional y al control del conocimiento, las parteras continúan defendiendo sus prácticas como formas legítimas, eficaces y profundamente humanas de acompañar el nacimiento. Son mujeres que resisten, cuidan y enseñan desde la tierra y que reclaman un lugar digno en los sistemas de salud y en la memoria colectiva de sus pueblos.
En conjunto, las categorías Práctica y conocimiento situado, Cuerpos libres y saberes de la tierra y Legitimación de saberes y poder popular permiten comprender la partería afrodescendiente como un sistema integral de cuidado, profundamente arraigado en el territorio, la memoria y la experiencia colectiva de las mujeres. Lejos de ser una práctica marginal, la partería se revela como una forma de resistencia cultural y política que defiende la vida, dignifica los saberes ancestrales y desafía las lógicas hegemónicas del sistema biomédico; con estas categorías evidencian cómo el conocimiento partero no solo se transmite y transforma en contextos cotidianos y comunitarios, sino que también se afirma como una voz legítima frente a las desigualdades históricas, reafirmando la autonomía, el poder popular y la conexión vital con la tierra.
Discusión
Las comunidades afrodescendientes e indígenas han enfrentado históricamente procesos de despojo sustentados en estructuras coloniales, patriarcales y capitalistas. Sin embargo, no han sido víctimas pasivas, sino sujetas activas de resistencia a través de sus saberes ancestrales, prácticas espirituales y vínculos territoriales. En este marco, las mujeres desempeñan un rol protagónico como lideresas, cuidadoras y defensoras de la memoria colectiva, generando propuestas transformadoras en lo cultural, político y epistémico.
Desde la categoría Práctica y conocimiento situado, se observa cómo las mujeres resignifican sus saberes desde la experiencia vivida y el diálogo con su entorno. El Plan Especial de Salvaguardia (PES)23 reconoce en las parteras del Pacífico colombiano no solo una función asistencial, sino un rol de guardianas del conocimiento tradicional, articulando plantas medicinales, espiritualidad y cuidado comunitario en defensa del territorio. Este saber vivo, profundamente conectado con la espiritualidad, se convierte en un eje de resistencia frente a las violencias estructurales.
Diversos estudios cualitativos y etnográficos muestran que el conocimiento partero se adquiere y se aplica a través de la práctica cotidiana, la observación y la transmisión intergeneracional en escenarios domésticos y comunitarios, configurando un saber encarnado y contextual que integra dimensiones corporales, relacionales y territoriales del cuidado24-28.
Según Lozano29 dicha espiritualidad articula luchas sociales y fortalece el liderazgo, mientras que Lozano y Viveros30 resaltan la relación simbiótica entre cuerpo, tierra y espiritualidad como base de una epistemología situada.
La categoría Cuerpos libres y saberes de la tierra destaca el cuerpo como territorio político. Grueso31 y Gelacio et al.32 plantean que las mujeres afrodescendientes resignifican sus cuerpos como espacios de memoria y dignidad, desafiando narrativas extractivistas, racistas y patriarcales. Esta reapropiación corporal se construye en la cotidianidad y en conexión con la naturaleza. En esta misma línea, los movimientos por el parto respetado y la salud sexual y reproductiva evidencian cómo el cuerpo gestante se convierte en un espacio de agencia frente a prácticas de control, disciplinamiento y violencia obstétrica, reivindicando el derecho a decidir sobre el propio cuerpo y el proceso de parir33 Montañez Pico34 subraya el papel cohesionador de la espiritualidad frente a crisis generadas por el capitalismo racial y la homogeneización cultural, desde las prácticas parteras, esta espiritualidad y autonomía corporal se expresan en racionalidades de cuidado que integran el uso del calor, las plantas medicinales y la relación con el entorno, configurando saberes que articulan cuerpo, naturaleza y poder desde lógicas no biomédicas35,36.
Estudios etnobotánicos muestran que el conocimiento sobre plantas medicinales constituye un eje central de los saberes de la tierra, transmitido de forma intergeneracional y estrechamente ligado a la identidad cultural, la lengua y la defensa del territorio37,38. Las redes de mujeres, según Vergara-Figueroa et al.39 son fundamentales para la transmisión intergeneracional del saber y la articulación de luchas colectivas.
Desde la categoría Legitimación de saberes y poder popular, se evidencian procesos mediante los cuales estas mujeres posicionan sus conocimientos en escenarios institucionales, disputando marcos hegemónicos. En el campo de la salud materna, dicha disputa se expresa en la tensión entre los discursos globales que promueven estándares biomédicos del “parto seguro” y las prácticas territoriales de la partería, produciendo jerarquías epistémicas que subordinan saberes comunitarios; en este marco, la legitimación se vuelve un terreno de confrontación donde se define qué conocimientos cuentan, quiénes pueden ejercerlos y bajo qué condiciones40,41.
El enfoque interseccional de Crenshaw42 permite comprender cómo enfrentan múltiples opresiones simultáneamente, elaborando respuestas complejas y creativas que generan nuevas formas de hacer política, sin idealizar el pasado, pero sin renunciar a sus principios ético-comunitarios.
Lugones43 propone que las diferencias culturales pueden operar como herramientas políticas y en ese sentido, las mujeres afrodescendientes articulan propuestas transformadoras desde lo local hacia lo global, vinculándose con los feminismos decoloniales y las epistemologías del Sur. Autoras como Collins et al.11 y Lugones44 insisten en reconocer las epistemologías situadas de mujeres racializadas, apostando por un multiculturalismo radical que transforme las estructuras de exclusión y reconozca su capacidad epistémica.
En relación con la partería tradicional, esta disputa se complejiza por marcos normativos y políticos ambivalentes que, al tiempo que invocan la “dignificación” cultural, pueden derivar en mecanismos de control, debilitamiento del rol y riesgo de pérdida patrimonial; de allí que la legitimación no sea un reconocimiento neutro, sino un proceso atravesado por regulación, vigilancia y disputas por autoridad en el cuidado45. Asimismo, experiencias recientes de incorporación de parteras tradicionales en dispositivos institucionales muestran que la integración puede abrir oportunidades de reconocimiento, pero también activar fricciones por la imposición de protocolos y asimetrías de poder; aun así, las parteras despliegan estrategias de negociación y mediación intercultural que fortalecen la seguridad cultural y el cuidado comunitario “desde abajo”, reconfigurando la legitimidad en la práctica cotidiana46,47.
En contextos urbanos, como lo muestra Viveros Vigoya48 las clases medias negras resignifican sus saberes ancestrales para mantener la identidad cultural en medio de lógicas de asimilación. Este diálogo entre lo ancestral y lo moderno da lugar a formas evolutivas de resistencia. Finalmente, la memoria colectiva, según Lozano y Grueso49 se convierte en recurso político que fortalece la identidad, permite exigir derechos y proyectar un futuro más justo.
En suma, las tres categorías analíticas permiten comprender cómo las mujeres afrodescendientes e indígenas reconfiguran saberes, cuerpos y territorios desde una perspectiva transformadora. Su protagonismo en la defensa del conocimiento ancestral, la resignificación del cuerpo y la construcción de redes de poder popular constituye una apuesta política por la justicia social y epistémica, reafirmándolas como sujetas históricas que construyen caminos de dignidad, memoria y libertad.
Conclusiones
La partería tradicional afrodescendiente se configura como un sistema integral de cuidado que articula cuerpo, territorio y memoria colectiva. Su práctica, sostenida en saberes ancestrales y en una profunda relación con la naturaleza, desafía el abandono institucional y la hegemonía biomédica, reivindicando formas autónomas y culturalmente situadas de acompañar la vida. Las plantas medicinales, el vínculo comunitario y la transmisión intergeneracional del conocimiento constituyen pilares fundamentales de esta labor.
En este marco, se hace necesario promover futuras investigaciones que evalúen el impacto del cuidado ofrecido por parte de las parteras en la salud materna y neonatal, así como profundizar en el rol de los profesionales de la salud, especialmente de enfermería, como mediadores interculturales capaces de reducir las fricciones entre el sistema biomédico hospitalario y las prácticas tradicionales. De igual forma, avanzar hacia procesos de certificación, capacitación y articulación de las parteras en los sistemas nacionales de salud, construidos desde enfoques interculturales y no impositivos, resulta clave para fortalecer su reconocimiento.
Reconocer a las parteras no solo implica su inclusión en los sistemas de salud, sino también una apuesta por la justicia epistémica y la soberanía de los pueblos sobre sus formas de nacer y cuidar. Lejos de ser una práctica del pasado, la partería encarna una resistencia viva frente a la medicalización, y una propuesta política de dignidad, equidad y poder popular desde los márgenes.
Conflictos de Interés: Los autores declaran que no tienen conflicto de interés.
Financiación: Minciencias y la Universidad de Antioquia- proyecto del Sistema general de regalías por el Departamento del chocó y el Fondo fundación WWB Colombia para la investigación.
Agradecimientos: A las mujeres sabedoras parteras de Nuqui (Chocó) por su sabiduría y resistencia.
Contribución de los Autores: YV-M: Conceptualización; Curación de datos; Análisis formal; Adquisición de Financiación; Investigación; Administración del proyecto; Recursos; Redacciónpreparación del borrador original. CA-F: Conceptualización; Curación de datos; Análisis formal; Metodología; Software; Supervisión; Validación; Visualización; Redacción-preparación del borrador original; Redacción-Revisión y edición.
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